Wittgenstein: La regla y el lenguaje privado

Posteado en Filosofía con etiquetas , , sobre 18 Febrero 2009 por Joan

1. INTRODUCCIÓN

De la multitud de aspectos en los que Wittgenstein varía su concepción en su llamada segunda etapa respecto a la primera, podría considerarse que el normativo es suficientemente transversal. En él es posible observar el cambio de orientación y la asunción de un particular pragmatismo por parte de nuestro autor; de la determinación del interior del lenguaje, entendido como su fundamento, se pasa a la indagación del significado de los términos lingüísticos en el desempeño real y efectivo de las acciones en las que tienen lugar.

Así pues, en este trabajo se pretende recoger la consideración de la regla en la segunda etapa de Wittgenstein, y cómo esta concepción enlaza con las dificultades por comprender la posibilidad de un lenguaje consecuentemente privado, en la medida en que las reglas se aplican a prácticas que deben ser, como tales, externas. Ello exige realizar un seguimiento lo suficientemente pormenorizado de partes muy significativas de las Investigaciones Filosóficas [1], que será, para este trabajo, el texto de referencia central. En particular, el comentario se centrará, para la primera aproximación, entre §185-242, y para la segunda, §243 y siguientes.

El nexo de unión de ambos elementos será la asunción y el seguimiento por parte de un sujeto de una regla; en la medida que éste actúa conforme a esta regla, es pertinente discutir de qué modo la asume y puede determinar modo de aplicación y por tanto su corrección. Para ello, el hilo conductor será la discusión que hay acerca del argumento del lenguaje privado; su comprensión tiene consecuencias para ambos aspectos tratados, y será un buen punto de enlace. En primer lugar, es pertinente en la medida que aborda la cuestión de cómo un sujeto está capacitado para interpretar sus propias prácticas, que realiza conforme a una regulación. Se trata de ver qué papel juega el hecho de descubrir exactamente qué regla se ha seguido en función de la reconstrucción de las prácticas que se haga. En segundo lugar, la tarea que desempeña un contexto público será muy significativa en la medida en que se presenta como el único ámbito en el que se manifiesta tanto la aplicación de la regla como su seguimiento por medio de estados mentales.

Lo que se pretende con este trabajo es, al fin, recoger detalladamente el carácter pragmatista del análisis de la regla en Wittgenstein, y ver de qué modo esta concepción da cuenta de los contextos reales de práctica, en la medida que se trata de una propuesta orientada no a fundamentar o a elaborar una teoría, sino a describir fenómenos lingüísticos que se dan en el uso. Por otro lado, será significativo también reflejar en qué sentido Wittgenstein trata de mostrar la necesidad de reflexión acerca del lenguaje privado, por su relación con el seguimiento de reglas y por su papel en un contexto de formas de vida públicas; se trata de una cuestión muy enraizada en las intuiciones más inmediatas de todo hablante que, sin embargo, merece ser objeto de una reflexión profunda. Tratamos pues de recoger dicho ejercicio de investigación.

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Comentari als Soliloquis d’Agustí d’Hipona

Posteado en Filosofía con etiquetas , , sobre 6 Diciembre 2008 por Joan

1. INTRODUCCIÓ

Sant Agustí va néixer a Numidia l’any 354. El seu interès filosòfic va iniciar-se amb la lectura de l’Hortesius de Ciceró. Posteriorment va pertànyer a una secta maniqueísta, de què posteriorment renegaria, no sense deixar-se influir, ens els seus primers escrits, de forma significativa. El seu interès es va derivar a l’escepticisme dels Acadèmics, molt distants ja del discurs platònic. No obstant això, quan es va traslladar a Milà, on tenia presència la cort imperial, va rebre una forta influència del neoplatonisme, a partir del qual forjaria la seva doctrina. Allí va rebre el càrrec de professor de retòrica. Va esdevenir deixeble de San Ambròs, i un cop convertit a la fe cristiana va renunciar al seu càrrec de professor i es va retirar, amb problemes de salut, a Cassacium. Ja recuperat, va tornar a Milà i va ser batejat l’any 387. El 388 va tornar a Àfrica. El 391 va esdevenir sacerdot i el 395 va ser nomenat bisbe d’Hipona. Des de llavors el seu discurs va fer-se progressivament més conservador, i es va dedicar principalment a participar en controvèrsies teològiques, sovint dirigides a diferents heretgies.

La importància de Sant Agustí en la doctrina cristiana és inqüestionable. Juntament amb Sant Tomàs és el major exponent de la filosofia cristiana medieval. La seva tasca va consistir en gran mesura en intentar conciliar el discurs revelat amb la investigació filosòfica. El text bíblic havia de tenir una explicació racional, que va consistir en la seva obra. Les influències neoplatòniques són constants i, malgrat tot, Sant Agustí va elaborar un sistema autònom. Així com estoics i neoplatònics havien desenvolupat una barreja de filosofia i religió, l’objectiu del bisbe d’Hipona era fonamentalment ètic i religiós. No es tractava d’adquirir un coneixement empíric, tal com havien fet els filòsofs físics grecs, sinó d’investigar i contemplar la Veritat al voltant de l’home; els seus fins, Déu, la Saviesa, l’ànima. El seu discurs parteix de l’experiència més íntima i no s’allunya mai de l’ésser humà. Entre el 386 i el 390 va escriure les que havien de ser les seves obres més significatives; De libero albitrio, De beata vita i De inmortalitate animae.

Els Soliloquia van ser escrits el 386 a Cassacium, on Sant Agustí va passar uns mesos descansant en companyia de la seva família i alguns deixebles. Els diàlegs que va escriure allí no pertanyen a la seva època madura; encara no havia completat la síntesi entre doctrina catòlica i neoplatonsime. Els Soliloquia són un text innovador; l’autor parla amb si mateix i elabora un diàleg a partir del qual avança l’obra. El que pretén, encara que l’obra va quedar inacabada, és demostrar la immortalitat de l’ànima. Es complementa amb De inmortaliate animae, una obra de major extensió i importància en el seu discurs. Lee más »

El començament de la Filosofia: Fichte i Hegel

Posteado en Filosofía con etiquetas , , sobre 18 Julio 2008 por Joan

Aquesta entrada correspon a un treball de curs d’una assignatura dedicada a la Fenomenologia de l’Esperit de Hegel. Com es pot veure, considera la qüestió de com donar inici a la Filosofia; no es tracta tant de considerar el fonament com la forma de poder començar el discurs filosòfic. La Crítica de la Raó pura de Kant havia suposat un ineludible precedent. Dit això, és molt possible que aquest treball sigui ampliat més endavant, però com que aquesta és la versió que vaig presentar, em sembla que, de moment, pot penjar-se així.

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El proyecto cosmopolita atravesado por el terrorismo – Respuesta de Habermas al 11-S

Posteado en Filosofía con etiquetas , sobre 21 Febrero 2008 por Joan
 
Este es el trabajo que presenté para la asignatura de Filosofía Contemporánea I. Debo decir que es un tema que me interesa, por lo que tengo intención de seguir trabajando en él. En cualquier caso, tal y como está ahora, se trata más de algo así como una reseña que de una defensa de una tesis. 
 

1. INTRODUCCIÓN

La diferencia entre lo jurídico y lo ético ya se apunta en la Teoría de la acción comunicativa (1). Cuando el gobierno de los G.W. Bush defiende una guerra justa, que no legal, frente a un eje del mal, un adversario fantasmagórico que ha sido demonizado, pasa a primer plano unas convicciones éticas, las cuales tienen total predominancia sobre lo jurídico. Este tipo de discursos no apela al Derecho, de modo que no considera las diferencias religiosas o culturales. Emerge un falso universalismo que impone una determinada forma de vida a todos los demás Estados. La tesis de Habermas es que no hay justicia entre naciones sin la intervención del Derecho a un nivel internacional.

En el Derecho internacional clásico los sujetos del Derecho son los Estados (hasta mediados del s. XIX son los Estados europeos, únicamente). Según éste, se establece un juego estratégico basado en tres reglas. La primera regla plantea que el Estado soberano debe tener el monopolio de la violencia y controlar la situación social y territorial dentro de sus frontera y, por ello se constituye como tal. La segunda, que la soberanía del Estado se basa en el reconocimiento internacional. La tercera y última regla, que el Estado soberano puede firmar la paz o declarar la guerra con otros Estados, pero no puede intervenir en los asuntos internos de otro Estado.

Así pues, no hay una instancia supranacional que pueda intervenir en situaciones de conflicto internacional y se reserva la persecución de crímenes de guerra a las situaciones de paz en las que puedan intervenir coaliciones de Estado. Por otro lado, es indiferente la orientación de cada uno de los Estados, mientras se despliegue internamente. Además, hay terceros países soberanos que pueden declararse neutrales. En resumen, la igualdad soberana pasa por reconocer la guerra como medio de resolución de conflictos y, por tanto, el conflicto bélico depende de los pactos de los Estados que la subscriban.

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Crítica cinematográfica: ‘Alexander’, de Oliver Stone

Posteado en Críticas con etiquetas , , sobre 9 Diciembre 2007 por Joan

Hace tiempo que quería escribir una crítica sobre la película ‘Alexander‘, que se estrenó, sin pena ni gloria, en 2004. Recientemente he podido adquirir la versión extendida, ‘Alexander revisited: The Final Cut‘, que me parece que responde a su montaje definitivo y es, por tanto, la versión de referencia. Me da la impresión que mi visión es bastante distinta de la opinión general y, a pesar de que eso no tiene la más mínima importancia, he intentado expresarla con claridad y argumentos que le den cierto sustento.

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El tiempo en la existencia humana: La Historia enfocada en la vida

Posteado en Filosofía con etiquetas , , sobre 24 Julio 2007 por Joan

Esta entrada corresponde a mis apuntes, convenientemente ordenados ampliados y seleccionados, de Filosofía de la Historia II. El trabajo sobre Alejandro Magno y el análisis de la necesidad y la contingencia en él corresponden a la primera parte de esta asignatura. Debo apuntar que estos apuntes requieren cierta familiaridad, si no con la temática, con el léxico y los textos señalados.

 

1. INTRODUCCIÓN

La ontología tradicional del tiempo había conllevado consideraciones que no eran capaces de recoger el espíritu de la naturaleza histórica del hombre. La noción aplanada y lineal de Aristóteles conllevaba una noción parcial y excesivamente cientificista.

No fue hasta el abandono de este paradigma occidental que pudo tratarse con plena dedicación la cuestión de la verdadera naturaleza del hombre y su estrecho vínculo con la dimensión histórica. A ello se liga una nueva forma de entender la disciplina, en tanto que debería desvincularse de toda ciencia que la alejara de su interés fundamental. La oposición no se centra exclusivamente en el historicismo o los planteamientos esencialistas clásicos respecto a la naturaleza humana, sino también a la conciencia común del mundo occidental.

Así pues, este trabajo pretende recoger la nueva visión respecto a la existencia humana, vinculada a una nueva ontología del tiempo, que recoja el carácter específico de su ser, una nueva concepción de la Historia como disciplina y una crítica a la idea de progreso, tan enraizada en el ideario de el mundo contemporáneo occidental. Al fin y al cabo se quiere analizar cual es el papel de las dimensiones temporales de futuro y pasado en la vida y la actividad humanas, y cual es el modo en el que pueden ser abordadas mediante la reflexión filosófica.

Se han tomando como fuentes de lectura básicamente a tres autores clave; Heidegger, Benjamin y Nietzsche. Los planteamientos de San Agustín de Hipona y de Ricoeur han servido para completar la exposición y enriquecerla con sus respectivas orientaciones. No se pretende, a pesar de todo, ofrecer una exposición detallada o especialmente rigurosa de sus discursos considerados aisladamente, sino que se ha primado la consistencia interna del trabajo en sí. Se trata de ofrecer un planteamiento coherente y unitario que, si bien debe recoger los elementos clave de cada autor, los reelabore dentro de una perspectiva y unos objetivos comunes.

 

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Declaración de intenciones

Posteado en Nada en concreto sobre 21 Mayo 2007 por Joan

Este blog surge como continuación al anterior “Filósofos, poetas, charlatanes y silencio” que tenía en Blogspot. Por cuestiones de presentación, decidí migrar a WordPress, aunque el proceso fue más largo de  lo que hubiese querido. En fin, aquí estoy de vuelta.

La cuestión del idioma no tiene, de momento, una solución clara. Ni tengo intención de renunciar al catalán, que es mi lengua materna (por si eso tuviese algun valor), ni me veo privado de escribir en castellano. Iré publicando en el idioma que surja. Soy consciente de las dificultades que esto puede ocasionar, pero en fin, qué le vamos a hacer. Creo que es mejor así.

Mi intención con este blog es la de colgar los pequeños artículos y relatos que vaya escribiendo. Es posible que acabe publicando alguna crítica cinematográfica. En cualquier caso, la temática oscilará siempre en un ámbito filosófico. No pretendo publicar más que aquellas excrecencias literarias que vaya escribiendo; jamás tendrá un cariz más emocional que el que expresen mis cuentos. No será una Efeméride donde cuente lo que me vaya ocurriendo, ni colgaré nada que no sea de estricta creación mía o de mis amigos.

No tengo un ritmo fijo de publicación ni de escritura, pero intentaré actualizar el blog periódicamente.

Un saludo

Sense fi

Posteado en Relatos con etiquetas , sobre 21 Mayo 2007 por Joan

No va mirar enrere mentre s’allunyava de la estació espacial. Però sabia que era allà, expectant, mirant-lo, mig amb esperança, mig amb por. Era, de fet, l’última esperança, i per a això l’havien preparat. La Xina no havia donat suport a la iniciativa, ni al fet que el pilot fos canadenc, però tots sabien que no hi havia temps i van haver d’acceptar. Tots sabien del perill a què sempre havia estat sotmès el planeta, però mai li van parar prou atenció. Ni diners, ni temps, i ara era massa tard. Res havia pogut desviar l’implacable meteorit que s’acostava a la Terra, ni els milers de caps nuclears, ni els miralls d’ones, res. I el temps havia passat. Segons els càlculs, el lloc d’impacte era una zona deshabitada de la Patagònia. Però els efectes serien devastadors. Ningú s’atrevia a qüestionar que si res evitava la catàstrofe, la raça humana s’extingiria. La Lluna segurament sobreviuria, però les colònies que hi estaven construint encara no eren operatives.

I allí era ell, en el més ràpid dels transbordadors que la NASA i l’Agència Espacial Europea havien pogut fabricar, amb el trepant més potent i la bomba nuclear més poderosa. Tot depenia de la seva determinació i de l’eficàcia de l’equip de freds robots que l’acompanyaven. Havien de foradar el meteorit, instal·lar la bomba i esperar que la roca s’esmicolés o, com a mínim, variés prou la seva trajectòria com per allunyar-se de la Terra.

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Necesidad y contingencia: Análisis en Alejandro Magno

Posteado en Filosofía con etiquetas , , , sobre 27 Febrero 2007 por Joan

1. INTRODUCCIÓN

La figura de Alejandro Magno puede considerarse con toda certeza uno de los grandes personajes históricos, equiparable a Ramsés II, Gengis Khan o Napoleón. Son personajes en los que, siguiendo a Hegel, se produce una confluencia entre interés particular y general, y su egoísmo, un egoísmo extremo que afecta a decenas de miles de vidas, les lleva a dar un paso de gigante en el devenir histórico de la humanidad. Una suerte de astucia de la razón convierte ese anhelo individual, una fuerza irresistible para el gran protagonista, en un fin universal; el personaje juega entonces un papel tanto universal como particular, su devenir histórico se entremezcla con la determinación de un fin de la historia al que irremisiblemente confluyen sus actos. Las grandes conquistas se convierten en puntos de partida para el desarrollo de una gran civilización; estos personajes destruyen imperios y preceden a otros nuevos, y ahí es donde puede observarse un movimiento histórico acelerado.

La intención de este trabajo es precisamente ésta, elaborar un breve esbozo de la figura de un gran personaje histórico, en este caso, Alejandro Magno, desde una perspectiva hegeliana; discutir su adecuación, sus consecuencias y la problemática que de ello se deriva. No se trata de afirmar concretamente nada sobre el rey macedonio, sino de situar un intenso momento histórico, con un claro protagonista, bajo una óptica determinada y particular.

Los textos de Filosofía de la Historia hegelianos son especialmente recomendables para tratar este punto porque lo desarrollan explícitamente. El núcleo temático que va a tratarse puede relacionarse con el resto del desarrollo hegeliano sobre la materia, no sólo para ofrecer mayor profundidad, sino también para contemplar un mayor rango de las consecuencias de que derivan de una concepción como esta.

Así, Alejandro Magno va a ser visto desde una óptica fundamentalmente moderna. Si bien dicha visión conlleva un inevitable (y tal vez, condenado al fracaso por su ingenuidad) anacronismo, permite ponerla en relación al desarrollo filosófico que nos interesa. De otro modo sería imposible; a estas alturas no estamos en disposición de pretender emprender un análisis plenamente adecuado en su contexto histórico y, menos aún, de ponerlo en relación con las temáticas propuestas para este trabajo.

De este modo, el Alejandro Magno que va a presentarse puede mostrarse sensiblemente distanciado de lo que hoy se podría considerar su psicología, su carácter o sus pretensiones. El interés se centra más concretamente en las consecuencias de esas decisiones, las cuales son históricamente bastante definidas. Así pues, y como mínimo, a los hechos nos remitiremos.

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Alejandro y Diógenes

Posteado en Relatos con etiquetas , sobre 12 Octubre 2006 por Joan

El cuarto año de la centésimo sexta Olimpíada llegaba a su otoño. Alejandro soltó su apostura por las callejuelas de Corinto. Acababa de ser ratificado como heredero de Filipo, y por lo tanto, hegemón vitalicio de la Liga Corintia. Exceptuando Esparta, que desde hacía largos años había perdido todo esplendor, la Hélade estaba controlada y pacificada. Tebas no volvería a causar problemas, y Atenas temblaba entera por la resolución de aquel muchacho advenedizo. Demóstenes podría causar problemas, al menos durante un tiempo; ya se encargaría de él. Así que Alejandro tuvo tiempo para distraerse, con la mente tranquila y la cabeza serena. Los muchachos de la guardia le seguían de cerca, con los puños cerrados junto a las espadas. A diez pasos. Eran altos y robustos, no como Alejandro.

Él irradiaba otro tipo de fortaleza. Tormenta y calma en sus ojos, insaciable curiosidad. Una profundidad verdosa y brillante, a la expectativa. Caminaba danzando, con extrema suavidad. Todo el mundo lo contemplaba murmurando, como arrullando, extasiados como estaban por ese porte arrogante y resuelto, mientras él meneaba impasible su larga cabellera dorada. La armadura de gala refulgía y tintineaba suavemente sobre sus muslos. Apenas era mayor de edad y tenía atado de pies y manos el mundo heleno. Alejandro, un león joven, noble y hermoso, pero también terrible, a punto de saltar sobre cualquier presa, rebanarle el cuello de una dentellada y beber enloquecido su sangre.

Le habían hablado de Diógenes. Diógenes el cínico, un viejo filósofo de la secta del perro. Vivía de la limosna, sin más atuendo que la desvergüenza y un malentendido sarcasmo. Desdeñaba cualquier norma cultural, y se dedicaba a sobrevivir arrastrándose al margen del devenir de la polis. Un gran sabio, le habían dicho. Alejandro esperaba que el viejo fuera a verle. Avergonzados, le habían indicado dónde vivía.

Atravesó las callejuelas que llevaban a las afueras de la ciudad. Había atravesado los robustos muros bajo la atemorizada mirada de los centinelas. La gente, vestida con sucios harapos y cortos quitones, se apartaba a su paso, y dejaba tras de sí calles enlodazadas y llenas de mierda. Por el centro corría un apestoso riachuelo de color oscuro. Las casas, de barro enyesado, eran pequeñas y modestas. Las mujeres no salían de ellas. Se quedaban en los dinteles de las puertas, sin dejarse ver.

Al fin le vio, apoyado en una pared desconchada y tomando tranquilamente el sol. Tenía un viejo barril a su lado. El poco pelo que le quedaba era blanco y ralo. La piel, morena y agrietada, se tendía sobre él como un generoso manto, arrugado y deshilachado por la intemperie y la dejadez. Sonreía con su desdentada boca y, a pesar de todo, no parecía un simple anciano. Mostraba un absoluto desdén, no se preocupaba por parecer respetable o débil. Sencillamente, estaba ahí tendido, como un madero abandonado, disfrutando de la cálida tarde, sin más. Alejandro se paró un momento a contemplarle y se acercó. Apestaba.

Se puso ante él con decidido porte. Le miró de cerca, tomó aire.

    - Soy Alejandro, rey de Macedonia y caudillo de los helenos. Pídeme lo que desees y te será concedido.

Su voz sonó fuerte pero melodiosa. Sólo quiso llamar su atención. Aquel viejo le inspiraba cierto respeto, parecía valiente y tenaz. No era sabiduría lo que leía en su rostro, pero sí una gran voluntad. Diógenes se divertía profundamente viviendo cómo lo hacía. Era su desafío a la polis, a la luz de la Oikumene, al orden y la prudencia, al mundo político lo que le hacía singular. No de por sí valioso, pero distinto al menos.

    - Entonces apártate, que me tapas el sol – replicó con voz áspera, como el graznido insolente de un cuervo -.

Alejandro sonrió. No se movió ni un ápice. Dejó que su dulce aroma se liberara por el ambiente. Permitió que Corinto bebiera de su grandeza. Esperó a que su poder fluyera por encima de la basura y se grabara en la mente de aquella gente. La guardia le esperaba, impaciente. Algunos se reían de Diógenes y susurraban comentarios mordaces. Alejandro orientó el cielo a su mirada y pausadamente dijo:

    - Si no fuera Alejandro, sin duda querría ser Diógenes.

El viejo sonrió, con el semblante triunfante.

Aristóteles, desde el ninfeo en Mieza, levantó la cabeza y se puso a reír con ganas. Una carcajada sonora y clara, como el fresco repiqueteo de la lluvia en las hojas verdes de un roble joven. ¡Por el perro!